3 semana de cuaresma a

3º CUARESMA A

La mujer busca agua porque tiene sed. Como cada uno de nosotros. Sólo más tarde nos daremos cuenta de que en nuestra sed (de felicidad, de reconocimiento, de plenitud, de salvación) estaba El, dándonos sed de algo más grande, cuyo secreto le pertenece. ¿Qué sed honda hay en ti que te hace estar insatisfecho? ¿Tiene algo que ver con Dios? El diálogo entre Jesús y el corazón del hombre/mujer parece un diálogo de sordos. Jesús habla del agua del Espíritu Santo, reservada para la venida del Mesías, la que transforma al hombre por dentro y le hace vivir la relación con Dios «en espíritu y en verdad». La mujer no entiende, porque lo esencial sólo se entiende cuando uno nace de nuevo, cuando se produce una iluminación interior; pero ella es auténtica, y ha comenzado a desear sin entender, a pedir el don que Jesús promete. No basta desear, pues siempre deseamos en función de nuestras necesidades o de nuestras expectativas. Por eso hay un momento clave en este proceso de transformación interior: cuando te dejas juzgar por Jesús y te encuentras, desnudo, ante tu propia verdad. En efecto, «has tenido cinco maridos», pero amor verdadero sólo es el que nace de Dios, el que se recibe de Dios como don y fuente, que no depende de nuestros deseos, ni esfuerzos, ni buenas obras, ni expectativas de felicidad. Vivir del don en cuanto don. En eso consiste la fe, la adoración de Dios en Espíritu. La verdadera conversión está en este paso del deseo a la fe, en ser sobrepasados por la Gracia. Paz del corazón, que no vive de deseos, sino de humilde agradecimiento.