Pentecostés ciclo B

PENTECOSTES B

Necesitamos ser enviados, impulsados por el Espíritu de Jesús Resucitado, para ser Iglesia misionera, “en salida”, que se pone en marcha para vivir con la alegría del Evangelio. Iglesia que conoce sus dones y su debilidad, pero que sabe Quién la impulsa y por eso se muestra con una sonrisa de par en par. Iglesia de colores, porque no concibe una vida en blanco y negro sino cargada de esperanza.

Por eso: “Ningún engranaje, sistema, método, estructura, congregación, delegación, grupo, movimiento, diócesis, sínodo, cónclave… funcionará si no se deja mover por el Espíritu”.

Ascensión del Señor ciclo b

ASCENSIÓN DEL SEÑOR B

A veces, el cristianismo es vivido como fenómeno mágico o milagrero, o como religiónque se basa encreencias extraordinarias. Preocupan excesivamente los exorcismos, las curaciones milagrosas, los fenómenos de hablar en lenguas desconocidas y de tener poder contra serpientes y venenos. Más que proclamar la buena nueva pedimos, buscamos, nos agarramos, o mantenemos la fe en signos extraordina- rios. Otras veces, permanecemos pasivos, mirando al cielo, en vez de vivir comprometidos activamente en la construcción del reino de Dios. No es raro el oír que estamos demasiado atentos al cielo futu¬ro y poco comprometidos en la tierra presente. Y frecuentemente, en vez de abrirnos «al mundo entero» y salir a predicar por todas partes, nos centramos en nosotros mismos o nos quedamos en el mundo más fácil y cercano, o justificamos nuestra nula misión por las dificultades, el momento negativo, el desinterés de las personas, etc. Distorsionamos la misión y el proyecto de Dios y nos quedamos tan anchos. Precisamente este pasaje evangélico corrige esas desviaciones. La Iglesia y los cristianos recibimos la misión de Jesús. Somos enviados a proclamar la buena noticia, no a crear dudas o presagiar castigos. Todos los signos que acompañan a los que creen tienen una dimensión positiva para esta vida. Y es que anunciar el evangelio tiene que ver con la liberación integral de las personas y el mundo. La buena nueva no es un mensaje al margen de la realidad que vivimos. No podía ser de otra forma cuando quien nos envía a anunciarla es quien luchó hasta el fin y dio su vida en pro del pueblo pobre y marginado.

Sexto domingo de pascua ciclo b

6º PASCUA B

– Hermanos, este modo de amar no va con nosotros: amar hasta hacer el tonto. Amar hasta que abusen de nosotros. Amar hasta que nos engañen repetidas veces. Ante eso, nosotros diremos aquello de: “¡A mí me la pegan una vez, pero dos, no! Nos gusta tener el derecho a elegir a quien tengo que amar, quien tiene derecho a mi amistad y quien no. Nos reservamos el derecho de decretar quien es mi prójimo y un prójimo a quien no nos cueste amar, limpio, educado, agradecido, que me cueste poco o nada. En el “amaos como yo” el prójimo se presenta cuando quiere, en el momento más inoportuno, en la situación más indiscreta, con el talante más exigente.

Domingo 5º de pascua ciclo B

5º PASCUA B   

CREER: La fe no es una impresión o emoción del corazón. Sin duda, el creyente siente su fe, la experimenta y la disfruta, pero sería un error reducirla a «sentimentalismo». La fe no es algo que depende de los sentimientos: «ya no siento nada… debo estar perdiendo la fe». Ser creyentes es una actitud responsable y razonada.

Cuarto domingo de Pascua Ciclo B

4º PASCUA B

La Pascua está constituida por el paso de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz. El paso lo realiza Dios al resucitar a Jesús de entre los muertos, haciendo de Jesús la piedra angular delnuevo Pueblo deDios. El desechado y despreciado es el Salvador (primera lectura). Experimentamos el paso nosotros mismos, al recibir el Espíritu Santo, que nos libera del temor y nos hace entrar en el conocimiento íntimo de Dios, que nos permite llamar Padre a Dios y sentirnos hijos, que infunde en nosotros la certeza indefectible del amor de Dios y la esperanza de verle un día cara a cara (segunda lectura). El paso lo ha vivido Jesús como vocación y destino de amor eterno. Vino a entregar su vida, y a entregarla libremente. Quiso amarnos hasta la muerte. Es su amor el que también a nosotros nos hace pasar de la muerte a la vida (Evangelio).

ORACION JOVEN 21 DE ABRIL

ORACIÓN ABRIL SABADO 21

CIRCULO DEL SILENCIO 25 DE ABRIL

CIRCULO DEL SILENCIO 25 DE ABRIL DEL SILENCIO 25 DE ABRIL

Tercer domingo de Pascua ciclo B

3º PASCUA B  

Sin duda, la Eucaristía es lugar privilegiado para que los creyentes abramos «los ojos de la fe», y nos encontremos con el Señor resucitado que alimenta y fortalece nuestras vidas con su mismo cuerpo y sangre. Los cristianos hemos olvidado con frecuencia que sólo a partir de la resurrección podemos captar en toda su hondura el verdadero misterio de la presencia de Cristo en la Eucaristía. Es el Resucitado quien se hace presente en medio de nosotros, ofreciéndose sacramentalmente como pan de vida. Y la comunión no es sino la anticipación sacramental de nuestro encuentro definitivo con el Señor resucitado. El valor y la fuerza de la Eucaristía nos viene del Resucitado que continúa ofreciéndonos su vida, entregada ya por nosotros en la cruz.

Segundo domingo de Pascua ciclo B

download         2º PASCUA B  

   Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la     creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia? Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu

 

Domingo quinto de cuaresma ciclo B

 

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5 CUARESMA B

El evangelio de este domingo quinto de cuaresma nos sitúa en el bullicio de las fiestas de Pascua (Jn 12, 20-33). Hay muchos peregrinos que han llegado hasta Jerusalén. Entre ellos hay algunos gentiles. Pueden ser judíos que viven en la diáspora. O tal vez, paganos, procedentes del mundo griego, que miran con simpatía la cultura y la fe de los hebreos. Parece que han oído hablar de Jesús. Por eso se acercan a Felipe, uno de los apóstoles que lleva nombre griego. El texto indica que se dirigen a él con un ruego respetuoso: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe lo consulta con Andrés, el otro apóstol con nombre griego. Y ambos se lo comunican a Jesús. Nos resulta simpática esa función de puente que realizan los dos apóstoles. Parece un anticipo de lo que se espera de todos los cristianos: acercar a Jesús a los que desean conocerlo. Pero más interesante es la petición de aquellos peregrinos gentiles. Como ellos, son muchos los que también ahora quisieran ver a Jesús.


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