Santisima Trinidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIOS TRINO Y UNO C

A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por profundizar en el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia. A Dios, Jesús lo llama «Padre» y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos «Dios» es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana. Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en el mundo.

Domingo de Pentecostes C

PENTECOSTES C

que enfrentarnos diariamente a diversos problemas y conflictos como el no contar con fuerza interior y energía espiritual para acometerlos. Apenas nos atrevemos a confesar la pobreza y el vacío que vislumbramos, cuando somos capaces de asomarnos con sinceridad a nuestro mundo interior. Infra alimentados espiritualmente y con una “vida interior raquítica, terminamos por ser juguete de las más variadas manipulaciones. Volcados hacia fuera, incapaces de escuchar las aspiraciones más nobles y los deseos mas humanos que surgen de nuestro interior, vivimos como “robots” programados y dirigidos desde el exterior. El hombre actual tiene una necesidad casi obsesiva de estar informado, y las noticias le llegan dondequiera que se encuentre mediante la prensa, la radio o la televisión. Todo esto añade una dimensión nueva a su existencia. Vivimos recibiendo una información constante de todo, pero sin capacidad de asimilarla y sin fuerza interior para reaccionar con verdadera libertad y crecer como seres humanos dueños de sí mismos. Desde fuera nos dicen lo que debemos pensar, los ídolos que debemos admirar, los productos que necesitamos comprar, la concepción de la vida que tenemos que aceptar. Y hay personas que se identifican tan bien con las consignas recibidas que acaban por vivir con alma de dóciles esclavos, satisfechos y contentos. En la actual sociedad no se puede ser verdaderamente libre sin luchar por una libertad interior y sin cultivar y enriquecer la vida del espíritu en el silencio, el encuentro con uno mismo, la reflexión y la apertura a Dios.

Ascensión del Señor ciclo c

ASCENSIÓN C

Son los últimos momentos de Jesús con los suyos. Enseguida los dejará para entrar definitivamente en el misterio del Padre. Ya no los podrá acompañar por los caminos del mundo como lo ha hecho en Galilea. Su presencia no podrá ser sustituida por nadie. Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios. Que todos escuchen su llamada a la conversión. Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza. Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. ¿Quién podrá anunciar esta Buena Noticia?

6 domingo de pascua c

 

6º PASCUA C

Cuando escucho este Evangelio, cuando escucho tus palabras, Jesús, y me pongo en contacto contigo, y cuando escucho todo lo que les dices a tus discípulos hoy y me dices a mí, entro en un camino de tranquilidad y de alegría. Jesús, Tú les dices a tus discípulos: “Que no tiemble vuestro corazón y se acobarde”. Estás viendo que están con miedo, están con preocupación, se van a encontrar solos. Pero Tú enseguida pones remedio, enseguida quieres quitarles ese miedo y quieres darles fuerza, quieres darles seguridad, pero les adviertes mucho. Me encuentro yo también entre los discípulos, Jesús, y oigo que me dices: “El que me ama guarda mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él”. Y si realmente cumplimos todo esto que Tú nos dices, Jesús, y que Tú me dices hoy, entraré en caminos de paz, porque es lo que Tú quieres: “La paz os dejo, mi paz os doy. Pero mira —me dices—, no te la voy a dar como la da el mundo. Yo te la voy a dar de otra manera. Si tú guardas, absorbes, reflexionas, experimentas y vives mi palabra, tendrás paz. Si tú tienes una relación profunda conmigo, si llevas una vida íntima conmigo, tendrás paz. Si tú quieres seguirme, ser discípulo mío y guardar mi palabra, tendrás paz. Porque —me dices— mi relación contigo no es una relación a distancia, no es una relación fría, sino es una relación llena de amor, profunda, llena de cariño”….. Francisca

5 domingo de pascua ciclo c

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5º PASCUA C

AMISTAD DENTRO DE LA IGLESIA Es la víspera de su ejecución. Jesús está celebrando la última cena con los suyos. Acaba de lavar los pies a sus discípulos. Judas ha tomado ya su trágica decisión, y después de tomar el último bocado de manos de Jesús, se ha marchado a hacer su trabajo. Jesús dice en voz alta lo que todos están sintiendo: «Hijos míos, ya no estaré con vosotros por mucho tiempo». Les habla con ternura. Quiere que queden gravados en su corazón sus últimos gestos y palabras. «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que os conocerán todos que sois mis discípulos será que os amáis unos a otros». Este es el testamento de Jesús. Jesús habla de un «mandamiento nuevo». ¿Dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica. También los filósofos griegos hablan de filantropía y de amor a todo ser humano. La novedad está en la forma de amar propia de Jesús: «amaos como yo os he amado». Así se irá difundiendo a través de sus seguidores su estilo de amar. Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos: «No osllamo siervos… a vosotros os he llamado amigos». En la Iglesia nos hemos de querer sencillamente como amigos y amigas. Y entre amigos se cuida la igualdad, la cercanía y el apoyo mutuo. Nadie está por encima de nadie. Ningún amigo es señor de sus amigos. Por eso, Jesús corta de raíz las ambiciones de sus discípulos cuando los ve discutiendo por ser los primeros. La búsqueda de protagonismos interesados rompe la amistad y la comunión. Jesús les recuerda su estilo: «no he venido a ser servido sino a servir». Entre amigos nadie se ha de imponer. Todos han de estar dispuestos a servir y colaborar. Esta amistad vivida por los seguidores de Jesús no genera una comunidad cerrada. Al contrario, el clima cordial y amable que se vive entre ellos los dispone a acoger a quienes necesitan acogida y amistad. Jesús les ha enseñado a comer con pecadores y con gentes excluidas y despreciadas. Les ha reñido por apartar a los niños. En la comunidad de Jesús no estorban los pequeños sino los grandes.

Un día, Jesús llamó a los doce, puso a un niño en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí». En la Iglesia querida por Jesús, los más pequeños, frágiles y vulnerables han de estar en el centro de la atención y los cuidados de todos.

4 domingo de pascua c

4º PASCUA C

Escuchar tu voz hoy y escuchar tu voz en este encuentro es llenarse de agradecimiento, de confianza, de abandono
y de bienestar por el cuidado amoroso que Tú me das. Tú me
dices hoy, Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz”.
Eso te pido hoy: que aprenda a escuchar tu voz —primer paso
para entrar en tu camino, para sentirme tranquila, para llenarme de confianza, de ilusión y de fuerza—. Escuchar…
Escuchar el susurro de tu voz, porque continúas diciéndome:
“Yo conozco a mis ovejas y ellas me siguen”. ¡Con qué cariño
lo dices, Jesús!
Con qué cariño me hablas hoy: “Si yo te conozco. Sé tus caminos, sé cómo andas, cómo hablas, lo que piensas, tus altos,
tus bajos, tus mediocridades… ¡todo lo sé! Pero Yo doy la vida
por ti y nadie te arrebatará de mis manos”.
¡Qué tranquilidad, Jesús, qué tranquilidad! Así eres Tú…
Hoy apareces como el buen Pastor, ese pastor
bueno que no hace daño, que cuida, que va
tras la oveja perdida, que nos llevas a buenos
pastos… Quiero darte gracias profundamente: gracias, Jesús, por ser mi Pastor.
Gracias, Jesús, por cuidarme. Gracias por
estar en tus manos. Pero también te pido que
aprenda a escuchar tu voz, que aprenda a
conocerte más, que aprenda a seguirte profundamente, aunque pase por todo, pero que
aprenda a seguirte, porque sé que Tú me cuidas, me sigues, me coges, me llevas, me conduces… —como dice el Salmo 22—, me conduces hacia fuentes tranquilas. Gracias por ser mi alimento

Tercer domingo de Pascua Ciclo C

 

3º PASCUA C

AL AMANECER Encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos a orillas del lago Galilea. Los cristianos están viviendo momentos difíciles de prueba y persecución: algunos reniegan de su fe. El narrador quiere reavivar la fe de sus lectores. Se acerca la noche y los discípulos salen a pescar. No están los Doce. El grupo se ha roto al ser crucificado su Maestro. Están de nuevo con las barcas y las redes que habían dejado para seguir a Jesús. Todo ha terminado. De nuevo están solos. El narrador subraya con fuerza: «Salieron, se embarcaron y aquella noche no pescaron nada». Vuelven con las redes vacías. ¿No es esta nuestra experiencia que vemos cómo se debilitan nuestras fuerzas y nuestra capacidad evangelizadora? Con frecuencia, mis esfuerzos en medio de una sociedad indiferente apenas obtienen resultados. También constatamos que nuestras redes están vacías. Es fácil el desaliento y la desesperanza. ¿Cómo sostener y reavivar nuestra fe? «Estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla». Sin embargo, los discípulos no lo reconocen desde la barca. Tal vez es la distancia, tal vez la bruma del amanecer, y, sobre todo, su corazón entristecido lo que les impide verlo. Jesús está hablando con ellos, pero «no sabían que era Jesús». ¿No es este uno de los efectos más perniciosos de la crisis religiosa que estamos sufriendo? Preocupados por sobrevivir, constatando cada vez más nuestra debilidad, no nos resulta fácil reconocer entre nosotros la presencia de Jesús resucitado, que nos habla desde el Evangelio y nos alimenta en la celebración de la cena eucarística. Es el discípulo más querido por Jesús el primero que lo reconoce: «¡Es el Señor!». No están solos. Todo puede empezar de nuevo. Todo puede ser diferente. Con humildad, pero con fe, Pedro reconocerá su pecado y confesará su amor sincero a Jesús: «Señor, tú sabes que te quiero». Los demás discípulos no pueden sentir otra cosa. En nuestros grupos y comunidades cristianas necesitamos testigos de Jesús. Creyentes que, con su vida y su palabra, nos ayuden a descubrir en estos momentos la presencia viva de Jesús en medio de nuestra experiencia de fracaso y fragilidad. Los cristianos saldremos de esta crisis acrecentando nuestra confianza en Jesús. A veces, no somos capaces de sospechar su fuerza para sacarnos del desaliento y la desesperanza. Pagóla

2ª domingo de Pascua ciclo c

 

2º PASCUA C

Cuando escuchamos el evangelio de hoy sentimos como la Resurrección transforma la vida de las personas que creen: transforma en alegría el miedo, en confianza la desconfianza.. Pienso que tus discípulos estarían llenos de miedo, desorientados. Te habían visto en el Calvario y veían enemigos por todas partes. En esta primera aparición que haces a tus discípulos les llenas de alegría y les traes: “La paz sea con vosotros”. Cuantas veces en mi vida tengo dudas pero tu me dices: “Paz a ti paz a vosotros” Por qué no estaría Tomás, seguramente para darnos una gran lección: la de la unidad, la de la comunidad. Todos le habían visto, oído, palpado pero Tomás estaba fuera del corazón de la unidad. Cuantas veces nos pasa que nos sentimos fuera, en nuestro mundo, en nuestros pensamientos, en nuestras creencias y no te vemos, ni vemos tus clavos, ni vemos tus costado. ¡Qué bueno eres! Tú no puedes verme así y apareces en mi vida y me dices: “Mira mete tu mano, mira mis manos, trae tu mano, métela en mi costado y no seas incrédula sino fiel” ¡Qué escena tan bella, tan hermosa, tan transformante! Es una llamada a la fe, a que yo tenga fe, a que no piense que Tú estás muerto, que Tú no eres nadie; oigo que los demás dicen que vives, pero no creo… Ayuda mi falta de fe, impulsa mis sentimientos para que pueda palpar, ver, creer. Y gracias, Jesús, por quitarme estas dudas. Te tendré que decir, como Tomás —este acto de fe y de oración, de entrega sin límites—: “¡Señor mío y Dios mío!”. Ante tantas evidencias, ante tanto: “¡Señor mío y Dios mío!”. Necesito palpar, ver, sentir… Y Tú me dices esa queja: “¿Porque me has visto has creído? Felices, bienaventurados los que sin haber visto, creen”. ¡Qué llamada a la fe hoy! ¡Qué llamada al amor! ¡Qué llamada al agradecimiento! ¡Qué llamada al testimonio! ¡Qué llamada a comunicarte, a confesarte, a llenarme de alegría! ¡Qué llamada tan grande! Hoy tengo que preguntarme tantas veces ese “Señor mío y Dios mío”… ¡Y verte! ¡Sentirte! ¿Dónde? En tantos sitios… Tiene que ser como una expresión mía, interna: Ante tus acontecimientos… ¡Señor mío y Dios mío! Ante la Eucaristía… ¡Señor mío y Dios mío! Ante el Sagrario… ¡Señor mío y Dios mío! Ante la Santa Misa y la Consagración… ¡Señor mío y Dios mío! Como tú, Madre mía, te lo pido de todo corazón. Tú que oíste esa exclamación de tu prima: “y porque has creído te llamarán bienaventurada”. Tú, que eres la Reina de la fe, ayúdame a creer… ¡ayúdame a creer! Sé tú mi guía, sé tú mi fuerza y no me dejes. Cuando tambalee, cuando no te sienta, ¡aumenta mi fe! Te tendré que decir: “¡Dios mío y Señor mío!”. Y oiré: “La paz contigo, la paz con todos vosotros”. Y que pueda decir dónde vaya: “La paz esté con vosotros”, porque llevo a Dios, creo en Él, vivo de Él, en Él existo y en Él siento toda mi fuerza.

Semana Santa

Podéis ver aquí las fotos de la Vigilia del pasado Sábado Santo.

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Nuestros grupos de Poscomunión y Confirmación representaron la Pasión

Los chicos y chicas de Poscomunión y Confirmación, junto con sus catequistas, han representado este sábado la Pasión.

Podéis ver aquí las fotos y video de ese día.

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