Domingo 6 tiempo Ordinari C

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6º ordinario c

DEPENDE DE PEQUEÑAS COSAS Todos buscamos la felicidad. ¿La conseguimos todos, muchos, pocos? Pero… ¿Qué es la felicidad. ¿Cómo lograrla? Hoy el evangelio proclama con cierta solemnidad quiénes son o somos felices. Nos dice bienaventurados, dichosos, felices los pobres, los que ahora tenéis hambre, los que ahora lloráis. Bienaventurados cuando os odien, cuándo os excluyan, os insulten… No llego a comprender, a aceptar estas afirmaciones: El presentar como deseables situaciones que humanamente no parce que lo sean. A las personas nos cuesta aceptar el pensamiento de Jesús. Incluso a personas bien preparadas. El dinero y otros valores no dan automáticamente la felicidad, aunque muchos lo crean o lo creamos. ¿Qué actitud tomar ante la vida?. Los dos extremos: el despilfarro y el rigorismo no parecen los más acertados. Austero equivale a mortificado, severo, sencillo, sin alardes. La austeridad, permite un crecimiento sostenible con la importancia que se da estos días a este adjetivo “sostenible”. Nos empuja a cuidar de la madre tierra, del planeta azul, de la única despensa de la que disponemos. La austeridad por tanto nos abre amplios horizontes. Si hacemos caso de las encuestas, la mayoría de la gente se siente feliz, aunque si se pregunta de uno en uno, por separado, las respuestas no son tan optimistas. Respecto a la felicidad, nuestro comportamiento no suele ser ni lógico ni coherente. “Queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implica. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo. Queremos todos los beneficios sin ningún coste, Queremos comprometernos un poco pero no al 100%”. Todos queremos ser felices. Para serlo es necesario (está demostrado) que tenemos que ser capaces de querer al otro, al vecino, al prójimo. Es decir haciendo tareas que beneficien a los demás. Ser útil, amar y ser amado. Con una dosis de estas tres actitudes en la mochila podemos caminar por la vida. Algo de esto decía el escritor y teólogo Thomas Chalmerse. Para éste la felicidad consiste en tener algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar. En realidad no nos pone las cosas difíciles. Más aún cuando se trata de cosas pequeñas.

Oración joven 15 de Febrero

 

Oración Jóvenes 15-feb-19

Febrero 12 y 16 el PADRE NUESTRO

ORATORIO SOBRE EL PADRE NUESTRO

ORATORIO DIA 5 Y 16 DE FEBRERO

Dibujo de Patxi Velasco Fano

FEBRERO 12 Y 16 JESÚS NOS HABLA DE SU PADRE Y NUESTRO PADRE

5 Domingo ordinario ciclo c

5º ordinario c

“No tengas miedo Pedro, desde ahora tu trabajo será servir a los hombres y mujeres para que salgan de aquello que les en-red-a en su vida y es causa de sufrimiento como es la mentalidad del poder, del dinero, del poseer muchas cosas pensando que así serán más felices”. ¿Reacción de los discípulos? Dejándolo todo, siguieron a Jesús. Han descubierto que en Jesús se encuentra la clave para descifrar el misterio de la vida humana. En este hombre hay algo especialmente atractivo por el cual merece la pena cambiar de vida, dejar la antigua forma de pensar y seguirlo. En este hombre hay algo de Dios que hace la vida más humana, más transparente, más honesta. Lo cual nos lleva a reconocer como Pedro que somos pecadores, que cometemos fallos, que no somos perfectos ni hay ninguna ley que diga que lo tenemos que ser. Se trata de aceptar nuestra fragilidad, nuestra debilidad. Y a partir de ahí dejar que Jesús nos invite a seguirle. ¡Ojala que como personas y cristianos tuviéramos menos miedo a reconocer nuestros pecados, nuestros errores, nuestras maldades! No se trata de presumir sino de reconocer que somos vulnerables, que lo reconocemos. Pero que la bondad de Jesús es más fuerte y más grande que nuestro pecado. Y siempre desde la humildad. Al seguimiento de Jesús es lo que se llama vocación. Palabra que muchas veces se ha utilizado como si solo “tuvieran” vocación las monjas y los curas. Y los demás cristianos, ¿qué? Todos tenemos vocación. Vocación quiere decir llamada. Y todos somos llamados por Jesús a seguirle, a ser pescadores de hombres y mujeres, a hacer posible que nuestra sociedad, nuestra familia, nuestra parroquia, sean más humanas. La vocación se descubre cuando las cosas que nos pasan cada día se interpretan desde la fe y caemos en la cuenta que en eso que nos pasa está Jesús invitándonos a servir. La Iglesia es el conjunto de los “llamados” por Cristo para seguirle y ser sal y luz en medio del mundo, están pero no se notan. Las parroquias, nuestras comunidades, están llamadas a ser alternativa en medio de este mundo, ofrecer otro estilo de vida, otra forma de vida más plena, más feliz. Y esto siempre desde el Evangelio de Jesús.

4º domingo ordinario ciclo C

 

4º ordinario c

Un profeta positivo. De entrada parece que todos los profetas lo son siempre de desgracias. Nos anuncian un futuro incierto y entre las sombras que vislumbran nos hablan de amenazas, cataclismos, guerras, epidemias y no sé cuantas otras cosas. Todas malas. Todas negativas. Sus palabras se convierten en amenazas que llegan hasta dentro y rompen la poquita armonía y paz que, quizá, habíamos conseguido establecer en nuestra vida. Jesús, está claro, es un profeta. Pero no es de esos a lo que estamos acostumbrados. Es muy diferente. No hace ruido. No entra en nuestra vida con grandes gritos ni aspavientos. Apenas unas palabras sencillas. En el Evangelio, continuación del del domingo pasado, hace una de las homilías más breves de la historia. No hace más que recoger lo que ha leído en un texto del profeta Isaías y decir que todo eso se ha cumplido ya. Era un texto que hablaba de liberación para los oprimidos, de consolación para los afligidos, de salud para los enfermos, de libertad para todos. Era el anuncio de la buena nueva de Dios para todos. Ése es el centro del mensaje del profeta Jesús. Como se ve, no contiene amenazas sino una invitación a vivir en el amor.

3 Domingo ordinario ciclo c

3º ordinario c

LAS PRIORIDADES DE JESÚS Hace dos domingos celebrábamos el Bautismo de Jesús, en el que se nos contaba como Jesús tuvo una experiencia fuerte de Dios: el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. Se nos mostraba que toda la vida de Jesús estuvo guiada por el Espíritu Santo, por Dios, por la fuerza de Dios. Conducido por ese Espíritu, Jesús va a su pueblo, a Nazaret. Entra en la sinagoga, donde los sábados se reunían los judíos para orar a Dios. Y comienza a leer un pasaje del profeta Isaías. Jesús lo lee y así les comunica a la gente de su pueblo cual el sentido de su vida, de su misión en la vida. Lo primero que Jesús anuncia es que ha sido ungido por el Espíritu. Ungido quiere decir “Cristo”. El cristiano es una persona ungida por el Espíritu para hacer el bien que se nos explica a continuación: Evangelizar a los pobres = anunciar la Buena nueva a los pobres, a los necesitados, a los que sufren. Proclamar la libertad a los cautivos= liberar a los que vivían como esclavos por las leyes sociales y religiosas. Vivían bajo la esclavitud del imperio romano y de las propias autoridades judías. La vista a los ciegos= No se trata de ciegos físicos, sino a lo que su manera de interpretar a vida les conducía al sufrimiento. Poner en libertad a los oprimidos= liberar a los que vivían bajo la opresión del poder, del dinero, de la ambición, de las apariencias. A proclamar el año de gracia del Señor= El Dios que Jesús anuncia es un Dios lleno de bondad, de ternura, de perdón. No es el Dios juez y castigador que los judíos esperaban. Jesús, después de leer el texto, proclama: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír. Ese “hoy” quiere decir siempre. Esto nos revela cual es la tarea y la dedicación de Jesús. Por eso, en este domingo, a luz del evangelio, cuestionemos si nuestras prioridades, nuestros objetivos, son los mismos que los de Jesús. Para Jesús lo más importante era aliviar el sufrimiento de la gente.

2 Domingo ordinario C

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2º ordinario c

Estamos ya en el tiempo ordinario y la Iglesia nos regala este texto que nos dice mucho. Y yo me pregunto: ¿qué es lo que me vas a decir a mí hoy en estas bodas con esta actitud de Jesús, con esta actitud de María y con esta actitud de los novios? ¿Qué es lo que me quieres decir hoy, Jesús, en este encuentro? Pienso y reflexiono mucho sobre el texto que he oído y veo tres figuras claves: Tú, Jesús, —cómo actúas—; tu Madre, —cómo actúa—; y estos novios, —qué es lo que les pasa—. Y entro contigo en pleno diálogo, Jesús. Tú asistes a una boda, eres una persona normal, compartes la vida que tienes, compartes la fiesta, compartes las necesidades, compartes todo… ¡Qué gran lección medas hoy, Jesús!. Te encuentras en la boda y [a] estos pobres novios, sin experiencia de una festividad tan grande y de una fiesta tan grande, les falta el vino. Y aparece tu Madre; tu Madre que está atenta a todo, que no se le pasa nada, que se da cuenta de todo. ¿Y qué hace? No puede aguantar ver a estosnovios así y acude a ti: “Hijo, no tienen vino”. No tienen vino. Haced lo que Él os diga. Y Tú, ¿por qué le tratas así?, ¿por qué le dices: “Mujer, no ha llegado mi hora”? ¿Por qué me dices esto? Porque querías demostrar un gran milagro ya, querías darle ese regalo a estos pobres novios, a toda la gente, y querías que fuera tu Madre la intercesora. Y como extrañado, para que te lo volviera a pedir otra vez: “Déjame, que aún no ha llegado la hora”. Pero intercede continuamente tu Madre y ocurre el gran milagro. El la dice a los criados:“Haced lo que Él os diga”.

Bautismo del Señor C

 

 

BAUTISMO DEL SEÑOR C

También Cristo, en su humano caminar, ha debido tomar gradualmente conciencia de su propia identidad y del papel confiado por el Padre dentro de la historia humana. El acontecimiento del bautismo en el Jordán indica esta toma de conciencia y proyecta a Jesús más allá de los confines de la propia tierra, la Galilea, a una misión de confines universales y en una dimensión de compartir la condición humana hasta lo inimaginable para él y sus profetas: es Dios mismo el que “desciende” junto al hombre, aún conociendo sus debilidades, para hacerlo “subir” hacia el Padre y darle acceso a la comunión con El. La “complacencia” del Padre que Jesús recibe en el Espíritu Santo lo acompañará siempre en el caminar terreno, haciéndolo constantemente consciente del amor gozoso de Áquel que lo ha enviado al mundo. Juan proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

Manifestación del Señor c

MANIFESTACIÓN DEL SEÑOR C.rtf

Tuvo que ser apasionante la historia de aquellos magos que, un buen día, se pusieron en camino siguiendo una estrella. Muchos serían los que vieron la misma estrella: alzarían una noche los ojos al cielo, vieron su luz, pero volvieron a bajar la cabeza y a continuar con su vida de cada día. Miraron la luz, su brillo, pero no cambió nada en sus vidas. En cambio aquellos sabios… Me imagino que serían personas inquietas, descontentas con lo que tenían a su alrededor. Tal vez lo que hacían, lo que sabían, lo que vivían, no les llenaba. Por eso andaban mirando al cielo, mirando más allá de lo que los demás veían. Y apareció aquella luz, aquella estrella. Y su vida cambió radicalmente.