2 domingo de pascua A

2º PASCUA A copia

Perseveraban en la enseñanza apostólica y en la fracción del pan. Estaban impresionados los signos que hacían. Cuánto nos cuesta persevera en nuestra búsqueda de la verdad, cuánto nos cuesta ver en los acontecimientos de la vida la mano del Señor.

Y cuando nos paramos a pensar nos damos cuenta de tanta gracia, tanto don recibido del Señor que es siempre bueno con nosotros.

Tan bueno que al presentarse Jesús en cenáculo no les reprende su miedo,  les trae la PAZ. Paz a vosotros, es el primer don que recibimos del resucitado. El segundo don será la alegría interior que viene a liberarnos de la tristeza, del desánimo. En ese momento se les levanta la pesada losa del miedo que al igual que hoy nos hace estar en casa con las puertas cerradas por miedo, miedo….

Te pedimos Señor que hoy abras nuestras puertas a la cooperación para que a nadie le falte lo necesario. Te pedimos ilumines el trabajo de nuestros científicos para que logren dominar la pandemia. Te pedimos por los sanitarios en todos sus campos, haz que ellos cercanos al dolor consuelen y lleven a los enfermos la paz y alegría del Señor que nos trae con su presencia en medio de nosotros.

La pesca milagrosa

LA PESCA MILAGROSA

5º domingo de cuaresma A

SEÑOR PROTEGENOS COMO HICISTE CON TUS DISCIPULOS

Acoge en tus manos de PADRE a cuantos están partiendo hacia tu morada

5º CUARESMA A

UNA PUERTA ABIERTA Estamos demasiado atrapados por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos que el desarrollo técnico pone en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en la que nos movemos. ¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No es mejor gastar todas nuestras fuerzas en organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en vivir esta vida de ahora y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas, y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos? Sin embargo, el hombre contemporáneo, como el de todas las épocas, sabe que en el fondo de su ser está latente siempre la pregunta más seria y difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Cualquiera que sea nuestra ideología o nuestra fe, el verdadero problema al que estamos enfrentados todos es nuestro futuro. ¿Qué final nos espera? Peter Berger nos ha recordado con profundo realismo que «toda sociedad humana es, en última instancia, una congregación de hombres frente a la muerte». Por ello, es ante la muerte precisamente donde aparece con más claridad «la verdad» de la civilización contemporánea, que, curiosamente, no sabe qué hacer con ella si no es ocultarla y eludir al máximo su trágico desafío. Más honrada parece la postura de personas como Eduardo Chillida, que en alguna ocasión se expresó en estos términos: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada». Es aquí donde hemos de situar la postura del creyente, que sabe enfrentarse con realismo y modestia al hecho ineludible de la muerte, pero que lo hace desde una confianza radical en Cristo resucitado. Una confianza que difícilmente puede ser entendida «desde fuera» y que solo puede ser vivida por quien ha escuchado, alguna vez, en el fondo de su ser, las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida». ¿Crees esto? Pagóla

4º domingo de Cuaresma A

4º CUARESMA A

El relato del ciego de Siloé está estructurado desde la clave de un fuerte contraste. Los fariseos creen saberlo todo. No dudan de nada. Imponen su verdad. Llegan incluso a expulsar de la sinagoga al pobre ciego: «Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios». «Sabemos que ese hombre que te ha curado no guarda el sábado». «Sabemos que es pecador». Por el contrario, el mendigo curado por Jesús no sabe nada. Solo cuenta su experiencia a quien le quiera escuchar: «Solo sé que yo era ciego y ahora veo». «Ese hombre me trabajó los ojos y empecé a ver». El relato concluye con esta advertencia final de Jesús: «Yo he venido para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». A Jesús le da miedo una religión defendida por escribas seguros y arrogantes, que manejan autoritariamente la Palabra de Dios para imponerla, utilizarla como arma o incluso excomulgar a quienes sienten de manera diferente. Teme a los doctores de la ley, más preocupados por «guardar el sábado» que por «curar» a mendigos enfermos. Le parece una tragedia una religión con «guías ciegos» y lo dice abiertamente: «Si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán al hoyo». Teólogos, predicadores, catequistas y educadores, que pretendemos «guiar» a otros sin tal vez habernos dejado iluminar nosotros mismos por Jesús, ¿no hemos de escuchar su interpelación? ¿Vamos a seguir repitiendo incansablemente nuestras doctrinas sin vivir una experiencia personal de encuentro con Jesús que nos abra los ojos y el corazón? Nuestra Iglesia no necesita hoy predicadores que llenen las iglesias de palabras, sino testigos que contagien, aunque sea de manera humilde, su pequeña experiencia del evangelio. No necesitamos fanáticos que defiendan «verdades» de manera autoritaria y con lenguaje vacío, tejido de tópicos y frases hechas. Necesitamos creyentes de verdad, atentos a la vida y sensibles a los problemas de la gente, buscadores de Dios capaces de escuchar y acompañar con respeto a tantos hombres y mujeres que sufren, buscan y no aciertan a vivir de manera más humana ni más creyente. Pagola

3 semana de cuaresma a

3º CUARESMA A

La mujer busca agua porque tiene sed. Como cada uno de nosotros. Sólo más tarde nos daremos cuenta de que en nuestra sed (de felicidad, de reconocimiento, de plenitud, de salvación) estaba El, dándonos sed de algo más grande, cuyo secreto le pertenece. ¿Qué sed honda hay en ti que te hace estar insatisfecho? ¿Tiene algo que ver con Dios? El diálogo entre Jesús y el corazón del hombre/mujer parece un diálogo de sordos. Jesús habla del agua del Espíritu Santo, reservada para la venida del Mesías, la que transforma al hombre por dentro y le hace vivir la relación con Dios «en espíritu y en verdad». La mujer no entiende, porque lo esencial sólo se entiende cuando uno nace de nuevo, cuando se produce una iluminación interior; pero ella es auténtica, y ha comenzado a desear sin entender, a pedir el don que Jesús promete. No basta desear, pues siempre deseamos en función de nuestras necesidades o de nuestras expectativas. Por eso hay un momento clave en este proceso de transformación interior: cuando te dejas juzgar por Jesús y te encuentras, desnudo, ante tu propia verdad. En efecto, «has tenido cinco maridos», pero amor verdadero sólo es el que nace de Dios, el que se recibe de Dios como don y fuente, que no depende de nuestros deseos, ni esfuerzos, ni buenas obras, ni expectativas de felicidad. Vivir del don en cuanto don. En eso consiste la fe, la adoración de Dios en Espíritu. La verdadera conversión está en este paso del deseo a la fe, en ser sobrepasados por la Gracia. Paz del corazón, que no vive de deseos, sino de humilde agradecimiento.

2º Domingo cuaresma A

 

2º 2º CUARESMA A

Deseamos convertirnos, pero tenemos miedo. El camino no es de rosas. No lo fue para Jesús, ni para sus discípulos. El miedo nos acobarda. Lo peor de todo no es que tengamos miedo, sino que el miedo sea algo difuso, sin un perfil concreto. En efecto, no sabemos a qué tenemos miedo. Nos refugiamos en él, a modo de mecanismo de defensa. La solución no está en hacernos los fuertes. Cuando el punto de referencia es el Crucificado, cuando el Mesías nos dice (leer Mt 16,21-28) que «hay que perder la vida para ganarla», más vale ser realistas y quedar desconcertados como Pedro y los discípulos.

1º Cuaresma A

 

2º CUARESMA A

LAS TENTACIONES DE LA IGLESIA DE HOY

La primera tentación acontece en el «desierto»

Después de un largo ayuno, entregado al encuentro con Dios, Jesús siente hambre. Es entonces cuando el tentador le sugiere actuar pensando en sí mismo y olvidando el proyecto del Padre: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús, desfallecido pero lleno del Espíritu de Dios, reacciona: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de Dios». No vivirá buscando su propio interés. No será un Mesías egoísta. Multiplicará panes cuando vea pasar hambre a los pobres. Él se alimentará de la Palabra viva de Dios.

Siempre que la Iglesia busca su propio interés, olvidando el proyecto del reino de Dios, se desvía de Jesús. Siempre que los cristianos anteponemos nuestro bienestar a las necesidades de los últimos, nos alejamos de Jesús.

La segunda tentación se produce en el «templo»

El tentador propone a Jesús hacer su entrada triunfal en la ciudad santa, descendiendo de lo alto como Mesías glorioso. La protección de Dios está asegurada. Sus ángeles «cuidarán» de él. Jesús reacciona rápido: «No tentarás al Señor, tu Dios». No será un Mesías triunfador. No pondrá a Dios al servicio de su gloria. No hará «señales del cielo». Solo signos para curar enfermos.

Siempre que la Iglesia pone a Dios al servicio de su propia gloria y «desciende de lo alto» para mostrar su propia dignidad, se desvía de Jesús. Cuando los seguidores de Jesús buscamos «quedar bien» más que «hacer el bien», nos alejamos de él.

La tercera tentación sucede en una «montaña altísima»

Desde ella se divisan todos los reinos del mundo. Todos están controlados por el diablo, que hace a Jesús una oferta asombrosa: le dará todo el poder del mundo. Solo una condición: «Si te postras y me adoras». Jesús reacciona violentamente: «Vete, Satanás». «Solo al Señor, tu Dios, adorarás». Dios no lo llama a dominar el mundo como el emperador de Roma, sino a servir a quienes viven oprimidos por su imperio. No será un Mesías dominador, sino servidor. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor.

La Iglesia tiene que ahuyentar hoy todas las tentaciones de poder, gloria o dominación, gritando con Jesús: «Vete, Satanás». El poder mundano es una oferta diabólica. Cuando los cristianos lo buscamos, nos alejamos de Jesús. Pagola

Domingo 7 tiempo ordinario A

7º ordinario a

No podemos menos de agradecer a Jesús la gran lección de hoy. Hoy nos descubre cómo tenemos que tratarnos día a día y precisamente nos lo dice con el más próximo, con el prójimo. Va diciendo: “la Ley de Moisés dice… pero Yo os digo”, “la Ley de Moisés prohíbe el homicidio —no matarás—, pero Yo os digo mucho más: trataos bien. Todo el que aborrece a su hermano no tiene vida, es un homicida. Mucho más: si cuando vas a presentar tu ofrenda al altar te acuerdas allí de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda, vete y reconcíliate con tu hermano y vuelve a presentar la ofrenda”. Quiere que llevemos una vida limpia de amor, no le gustan los sacrificios sin misericordia, no quiere el culto del hombre sin amor, quiere que tengamos paz, que no seamos personas conflictivas, sino que demos paz y que nos reconciliemos ante cualquier debilidad que podamos tener día a día; que tenemos que tratar de tener misericordia con las asperezas, con lo que no nos gusta de los demás. Aceptar a los demás: éste es el camino de la relación que nos pide Jesús. Un amor sincero, un amor arraigado en el corazón suyo de misericordia. Nos habla de lo que Dios unió que no lo separe el hombre, nos va hablando de cómo liberar el corazón de toda la esclavitud, que aspiremos a otra forma de vivir, a otra forma de tratarnos, a otra forma de llevar la vida, porque Él nos quiere felices dando testimonio, siendo sal, siendo luz, pero también haciendo lo que pensamos, no lo que decimos y no lo hacemos. Nos enseña a pedir perdón, nos enseña a amarnos, nos enseña a vernos de otra manera, nos enseña no a abolir las leyes sino a darle el amor. Las tradiciones que tenemos, las normas, darles todo el amor, darles toda la fuerza que les falta. “Se dijo que… pero Yo os digo que obréis así…”, así nos dice Jesús hoy. Hoy nos habla y nos lleva a un mundo de amor y nos ofrece un camino a seguir, nos da una dirección, nos da una lección.

Domingo 6 tiempo ordinario A

 

6º ordinario a

NO A LA GUERRA ENTRE NOSOTROS

Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él para hacer la vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la Ley, que ordena «no matarás». Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata cumple la Ley, pero, si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos, proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se dé solo en la convivencia social. Es también un grave problema en el interior de la Iglesia. El papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de «cristianos en guerra contra otros cristianos». Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: «No a la guerra entre nosotros».

Así habla el Papa: «Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?». El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que «todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis». Pagola

Domingo 5 tiempo ordinario a

 

 

QUIEN MAS SUBRE 

EL MALTRATO DEL PLANETA ERES TU

 

 

 

 

 

 

 

5º ordinario a

Los seres humanos tendemos a aparecer ante los demás como más inteligentes, más buenos, más nobles de lo que realmente somos. Nos pasamos la vida tratando de aparentar ante los demás y ante nosotros mismos una perfección que no poseemos. Los psicólogos dicen que esta tendencia se debe, sobre todo, al deseo de afirmarnos ante nosotros mismos y ante los otros, para defendernos así de su posible superioridad. Nos falta la verdad de «las buenas obras», y llenamos nuestra vida de palabrería y de toda clase de disquisiciones. No somos capaces de dar al hijo un ejemplo de vida digna, y nos pasamos los días exigiéndole lo que nosotros no vivimos. No somos coherentes con nuestra fe cristiana, y tratamos de justificarnos criticando a quienes han abandonado la práctica religiosa. No somos testigos del evangelio, y nos dedicamos a predicarlo a otros. Tal vez hayamos de comenzar por reconocer pacientemente nuestras incoherencias, para presentar a los demás solo la verdad de nuestra vida. Si tenemos el coraje de aceptar nuestra mediocridad, nos abriremos más fácilmente a