4 domingo de pascua c

4º PASCUA C

Escuchar tu voz hoy y escuchar tu voz en este encuentro es llenarse de agradecimiento, de confianza, de abandono
y de bienestar por el cuidado amoroso que Tú me das. Tú me
dices hoy, Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz”.
Eso te pido hoy: que aprenda a escuchar tu voz —primer paso
para entrar en tu camino, para sentirme tranquila, para llenarme de confianza, de ilusión y de fuerza—. Escuchar…
Escuchar el susurro de tu voz, porque continúas diciéndome:
“Yo conozco a mis ovejas y ellas me siguen”. ¡Con qué cariño
lo dices, Jesús!
Con qué cariño me hablas hoy: “Si yo te conozco. Sé tus caminos, sé cómo andas, cómo hablas, lo que piensas, tus altos,
tus bajos, tus mediocridades… ¡todo lo sé! Pero Yo doy la vida
por ti y nadie te arrebatará de mis manos”.
¡Qué tranquilidad, Jesús, qué tranquilidad! Así eres Tú…
Hoy apareces como el buen Pastor, ese pastor
bueno que no hace daño, que cuida, que va
tras la oveja perdida, que nos llevas a buenos
pastos… Quiero darte gracias profundamente: gracias, Jesús, por ser mi Pastor.
Gracias, Jesús, por cuidarme. Gracias por
estar en tus manos. Pero también te pido que
aprenda a escuchar tu voz, que aprenda a
conocerte más, que aprenda a seguirte profundamente, aunque pase por todo, pero que
aprenda a seguirte, porque sé que Tú me cuidas, me sigues, me coges, me llevas, me conduces… —como dice el Salmo 22—, me conduces hacia fuentes tranquilas. Gracias por ser mi alimento